Su marido no había imaginado que pudiera ser tan bella. Su distinción, su porte y sus modales eran tales que desataron las plumas de los poetas aduladores. Las mujeres quisieron imitarla y los hombres quisieron congraciársela. De ella escribió el obispo Gregorio de Tours, cronista de la época merovingia: « Era una joven de modales elegantes, de hermosa figura, honesta y decente en sus costumbres, de buen consejo y agradable conversación ». Con su incorporación a la dinastía merovingia comenzó una vida difícil llena de conspiraciones y con un trágico final.
El asesinato de su hermana Galswinta provocó en Brunequilda un profundo rencor hacia Chilperico I y Fredegunda de Neustria. Montó en cólera y exigió de su enamorado esposo una acción de demanda de justicia y rápida ejecución de venganza. De acuerdo con las costumbres francas un asesinato también se podía redimir mediante una compensación económica. Exigieron a Chilperico la devolución de la dote que había aportado Galswinta, pero el rey de Neustria se negó a hacerlo. Sigiberto apeló a su otro hermano, Gontrán I de Borgoña, para que mediara en el conflicto.
Gontrán reunió a un consejo de nobles y se resolvió entregar en compensación a Brunequilda y a sus descendientes, las ciudades de Burdeos, Limoges, Cahors, Bearn y Bigorra, que había recibido Galswinta como regalo de bodas. Pero el problema no se resolvió. Chilperico aceptó de mala gana la devolución de las ciudades y Brunequilda no olvidó el asesinato de su hermana. Entre 567 y 570 nacieron los tres hijos de Sigiberto y Brunequilda: Ingunda, Clodosinda y Childeberto.
Las rencillas entre Sigiberto y su hermano Chilperico continuaron, esta vez atizadas por ambas reinas consortes. El odio de Fredegunda chocaba con el de Brunequilda. Chilperico fue preparando un plan militar para recuperar las propiedades concedidas y de paso adquirir alguna otra de las sometidas a su hermano y cuñada. El obispo de París, San Germán, intentó apaciguar el conflicto y escribió una carta a Brunequilda solicitándole su influencia, sin lograrlo. Se emprendieron varias campañas militares en las que Sigiberto y Brunequilda resultaban victoriosos. En uno de los intentos de Chilperico por recuperar las cinco ciudades por la fuerza, murió su hijo mayor Teodoberto.
Sigiberto comenzó la ocupación de Neustria y Brunequilda se estableció ostentosamente en Paris en compañía de sus dos hijas e hijo. Pero Fredegunda no se dio por vencida y en un acto de audacia y astucia, envió a dos agentes suyos a matar a su cuñado. Con el pretexto de hacer acto de acatamiento a Sigiberto, los sicarios se presentaron ante él y lo cosieron a cuchilladas. Gracias a ello Chilperico pudo recuperarse de la desesperada situación en la que se encontraba e incluso reclamar la posesión del reino de Austrasia.
La primera reacción de Brunequilda al conocer la noticia de la muerte de su esposo fue intentar salvar a sus hijos, sobre todo al varón, e impedir que cayeran en manos del tio. Logró hacer escapar a su pequeño hijo Childeberto y reclamó el trono de Austrasia para él y la regencia para ella. La nobleza de Austrasia reconoció los derechos del heredero, pero no la aceptó como regente, nombrando en este cargo a Gontrán de Borgoña. Antes de que Chilperico hubiera llegado a Paris, el niño Childeberto de cinco años estaba ya entre sus fieles austrasios en Metz, donde le juraron rey.
Brunequilda, que había sido hecha prisionera, esperó la llegada de su cuñado a Paris, que no se hizo esperar. Chilperico llegó acompañado por Fredegunda y por Meroveo, otro de los hijos con su primera esposa. Meroveo vio ante él a una mujer bellísima, vencida por el dolor, orgullosa, digna, madre del recién proclamado rey de Austrasia, viuda y se enamoró de ella con entusiasmo juvenil. Chilperico separó a Brunequilda de sus hijas y la encerró en un convento en Ruán.
El rey mandó a su hijo Meroveo a completar la ocupación de algunas ciudades insumisas, pero tomó el camino de Ruán y tras un breve cortejo, se casó con Brunequilda y buscaron refugio en Tours. El obispo de Ruán, Pretextato, quien sentía especial afecto por Meroveo por haber sido bautizado por él, ofició la ceremonia. Este matrimonio le acarrearía a Brunequilda la acusación de incesto y lascivia. Chilperico logró anular el matrimonio y enfurecido con su hijo Meroveo, lo hizo tonsurar y ordenar sacerdote a la fuerza pero el príncipe logró escapar.
Brunequilda regresó a la corte de Austrasia, pero el rechazo de los nobles la obligó a buscar refugio en la corte de Gontrán de Borgoña, retornando un tiempo después para asumir la regencia por su hijo. La reina intentó por todos los medios procurarle a Meroveo asilo en Austrasia pero los nobles austrasios se opusieron denodadamente, argumentando que hacerlo atraería las iras de Chilperico.
Meroveo fue tenazmente perseguido por su propio padre y por Fredegunda, al que tendieron una trampa y acosado como una fiera salvaje, no encontró más camino de huida que la muerte. Pidió a un amigo que le clavara una espada, muriendo el año de 577. El obispo Pretextato fue asesinado en 586. Ambas muertes se atribuyeron a conspiraciones de Fredegunda, quien también intentó asesinar a Brunequilda después de la anulación del matrimonio.

Brunequilda asumió la regencia por su hijo y comenzó entonces a actuar como soberana de Austrasia, organizando y mejorando la estructura del reino. Su tarea no era nada fácil, tenía que mantener el Estado frente a las fuerzas disolventes de la nobleza, salvaguardar los derechos de sus herederos de la codicia de todos y hacer cara a la incansable hostilidad de Fredegunda, siempre empeñada en lanzarle dardos emponzoñados.
Reparó caminos, construyó iglesias y abadías, elevó castillos en Etampes, Tournai y Calais, mandó misiones a Inglaterra, reparó todas las vias romanas de sus dominios, reformó las finanzas y reorganizó el ejército, pero los gastos afectaron los intereses de los nobles y éstos le mostraron su hostilidad. Brunequilda reaccionó imponiendo la autoridad de la corona. Para reafirmar esta autoridad, solicitó a Gontrán de Borgoña —que no tenía hijos vivos— la adopción de su hijo Childeberto, lo que el rey de Borgoña aceptó en 577.
En 579 casó a su hija Ingunda, de trece años de edad, con el príncipe visigodo Hermenegildo, acabando este matrimonio en tragedia al morir ambos como consecuencia de las conspiraciones y luchas entre arrianos, católicos y bizantinos en Hispania. Su hijo Childeberto II comenzó a reinar como soberano cumplidos los trece años de edad.
En 584 murió asesinado Chilperico, se atribuyó este crimen tanto a Brunequilda como a Fredegunda. Esta última asumió la regencia de Neustria por su hijo recién nacido, Clotario II, y atentó nuevamente contra la vida de Brunequilda. En 586 nació Teodoberto y al año siguiente Teodorico, ambos hijos de Childeberto y nietos de Brunequilda. Su enemiga Fredegunda atentó nuevamente contra la vida del rey, la reina regente y el primer nieto. Brunequilda no sólo tenía enemigos en la corte de Neustria, algunos nobles de Austrasia se le oponían firmemente. Los duques Rauching, Ursio y Berthefried, que se habían enfrentado a la reina anteriormente y habían conspirado para asesinar a Childeberto, fueron ejecutados por orden de Brunequilda.
Las relaciones entre Gontrán de Borgoña y Childeberto II se deterioraron y se inició una lucha que terminó el año 587 firmando ambos el Tratado de Andelot, en el cual, entre otros acuerdos, se estableció la herencia recíproca de los reinos en caso de fallecimiento de alguna de las partes. También en el año 587, el rey visigodo Recaredo I estableció una alianza con el rey Childeberto y solicitó además en matrimonio a Clodosinda, hermana del rey. Brunequilda accedió bajo la condición de que el matrimonio debería ser aceptado por Gontrán de Borgoña. La embajada enviada a Borgoña solicitó este consentimiento pero Gontrán se negó a darlo. Unos meses después, Childeberto manifestó su aprobación del enlace alegando que le constaba que los visigodos ya eran católicos, pero al parecer no llegó a celebrarse, pues en el 589 el rey Recaredo estaba casado con Baddo, una ilustre dama goda.
El rey de Austrasia y su madre Brunequilda establecieron buenas relaciones con el papa Gregorio I Magno, elegido en 590. Existen tres cartas del pontífice enviadas a Brunequilda. En la primera, el pontífice comienza alabándola por ser una madre y reina ejemplar y le solicita su patrocinio para el presbítero Candidus. En la tercera epístola, el papa le solicita su patrocinio para San Agustín de Canterbury, en su camino a evangelizar al pueblo de los anglos. En 593 murió Gontrán y Childeberto II subió al trono de Borgoña.
El joven rey intentó una guerra contra el reino de Neustria, pero fracasó. Brunequilda participó personalmente en las decisiones políticas que se tomaron. En 596 murió envenenado Childeberto II a los veintiséis años de edad, se atribuyó el crimen a Fredegunda pero otras fuentes nombran a una conspiración de nobles de Austrasia e incluso se sospechó de Brunequilda, que reaccionó con rapidez y asumió nuevamente la regencia, esta vez por sus dos pequeños nietos. Teodoberto II se convirtió en rey de Austrasia y Teodorico II de Borgoña.
Fuentes:
http://es.wikipedia.org/wiki/Brunegilda
Emilio Beladiez, Españolas, Reinas de Francia
2002 Ediciones Palabra S.A
7 comentarios:
Menudo caracter el de Brunequilda, madame, cuántos conflictos y luchas atizó. Una mujer fuerte, capaz de luchar aun con el mundo en su contra. Seguramente una de las personalidades mas notables de aquellos siglos.
Feliz fin de semana, madame
Bisous
Excelente biografía y muy bien documentada. La tenacidad de esta mujer no tenía límites. Enhorabuena.
Un abrazo.
Madame, la historia de esta brava visigoda siempre me ha parecido asombrosa y a la vez trágica. Seguiré con la segunda parte.
Feliz día, Besos :-)
Felix, digna oponente de la cruel y retorcida Fredegunda, Brunequilda se propusó vengar la muerte de su hermana y convirtió ese odio en la razón de su existencia. Es increible que hasta consiguiera enamorar al joven hijo de su odiado enemigo y casarse con él, pienso que más que nada para fastidiar a Chilperico y a Fredegunda. Brunequilda debió de ser una mujer muy seductora con un gran magnetismo hasta el final de sus dias. En la segunda parte seguirá sorprendiéndonos esta mujer.
Un fuerte abrazo
La verdad es que de aquella época se sabe tan poco... y ahora resulta que tenemos una dama de tomo y lomo que hacía de las suyas a la manera masculina, en un momento en que los hombres estaban al poder.
Mucha mujer esta Brunequilda.
Un besito
Ciertamente Carmen, tenemos tantas figuras femeninas escondidas bajo las piedras que si las levantásemos todas saldrían a la luz vidas verdaderamente admirables y dignas de ser llevadas al cine, la televisión y a la literatura. En un mundo dominado por varones tan belicosos como los de aquellas épocas, es loable que sobresalgan mujeres como Fredegunda y Brunequilda.
Besos, carmen
Feliz día
Brunequilda éra hija de Atanagildo, quien ejerció en Hispalis, actual Sevilla, como recaudador de impuestos hasta que, tras vencer a su oponente Agila, fue nombrado rey de la Hispania visigoda.
El hecho de que los padres de Brunequilda residieran en Sevilla, justifican mi tesis de que ella era sevillana de nacimiento, no siendo posible que naciera en Toledo, como argumenta algún autor en Wikipedia, porque era en Hispalis donde estaba el hogar familiar.
Lo que si pudo suceder es que Brunequilda recibiera educación en Toledo, pero su nacimiento, por lógica, hay que situarlo en Sevilla.
Gracias por tu apunte, Rafael. recurro a información en internet cuando necesito completar más la biografía de un personaje. No he leido hasta ahora la opción de Sevilla como lugar de nacimiento de Brunequilda, he leido que la corte visigoda se encontraba en Toledo y tal vez por eso, se piensa que nació en dicha localidad.
Saludos y gracias
Publicar un comentario en la entrada