
La conducta de Gaveston durante la coronación de Isabel como reina de Inglaterra escandalizó a los nobles, puesto que hizo su aparición vestido en púrpura real en lugar de la ropa de oro propia de un conde, acaparando completamente la atención del rey, quién ignoró a su familia y a su hermosa esposa. Después se descubrió que Eduardo II le había regalado todo el oro y las joyas que había recibido como regalos de boda.
Piers Gaveston fue asesinado por dos soldados galeses que le atravesaron con sus espadas antes de decapitarlo. Eduardo II, al tener conocimiento de los hechos, reaccionó con furia en un primer momento, que terminó convirtiéndose en un frío odio y deseo de destruir a los asesinos de Gaveston. Diez años después, vengó su muerte al conseguir que el conde de Lancaster fuera ejecutado.
Después de la desaparición de Gaveston, Eduardo encontró un nuevo amante Hugo Despenser. Hugo se convirtió en su favorito, dominando la voluntad del rey y ganando un enorme poder en la corte, animado por su ambicioso padre y por su igualmente ambiciosa esposa Leonor de Clare, hermana de la viuda de Piers Gaveston. Hugo era tan vanidoso como Piers y más violento que él, ganándose el odio y el desprecio de la reina Isabel.
La situación en el país empeoró, puesto que la familia del nuevo amante del rey ejercían el poder de forma autoritaria. En 1321, embarazada de su hijo menor, Isabel le rogó dramáticamente a su esposo que desterrara para siempre del reino a Despenser. El rey exilió a Despenser pero en ese año lo reintegró a la corte. Esto, acabo por volver a la reina totalmente en su contra. Isabel ayudó a Roger Mortimer a escapar de la Torre de Londres, donde su marido lo había encarcelado por oponerse a los Despenser en 1323.
Los Despenser aprovecharon la creciente tensión diplomática con Francia, a la sazón gobernada por Carlos IV, hermano de Isabel, para acusar a la reina de espía. Parece ser que el propósito de Hugo Despenser, ya fuera por interés, por patriotismo o por amor, era conseguir la anulación papal del matrimonio de Eduardo.
En 1325, ansiosa por escapar de su marido y de la vigilancia a la que era sometida en la corte por parte del favorito Depenser, Isabel se ofreció a viajar hasta Francia para convencer a su hermano de devolver a Inglaterra las tierras que le había arrebatado y consiguió que dejaran salir del reino a su hijo, el príncipe Eduardo de Gales, con el pretexto de que era conveniente que rindiera homenaje al rey de Francia.
En Francia se reencontró con Roger Mortimer, convirtiéndose en su amante. Enterado de esto, el rey inglés exigió el retorno de su esposa. Pero el rey Carlos IV se negó a expulsar a su hermana de Francia. Isabel y Roger Mortimer abandonaron la corte francesa en el verano de 1326. Marcharon hacia la corte del conde Guillermo III de Hainault, cuya esposa era prima de Isabel. Hainault les dio la ayuda armada que necesitaban, a cambio del compromiso matrimonial de su hija Felipa con el futuro rey Eduardo III.

El 21 de septiembre de 1326, Isabel y Mortimer, al mando de su ejército mercenario, arribaron a las costas de Suffolk. Eduardo buscó apoyo tanto en los barones, como en las diferentes ciudades por las que el ejército invasor tendría que pasar, pero ahora la reina gozaba de gran popularidad al ser vista como la insatisfecha esposa de un desviado. Isabel fue capaz de saltar de ciudad en ciudad con un ejército extranjero totalmente equipado y conseguir nuevos adictos a su causa.
El rey había escapado poco antes hacia el oeste, buscando un apoyo que no encontraría en ninguna parte. Eduardo ofreció mil libras por la cabeza de Mortimer. Isabel respondió aumentando a dos mil la oferta pero por la cabeza de Hugo Despenser. El otro individuo más buscado por los sublevados, Despenser el Viejo, huyó a Bristol donde se topó con el ejército de Isabel. Murió asesinado.
Por Mark Satchwill
Eduardo y Hugo fueron finalmente capturados. Hugo trató de morir de hambre antes de su juicio, sin embargo no tuvo éxito y fue encontrado culpable de alta traición y fraude. Se le condenó a ser colgado, desollado y descuartizado. Además fueron vaciadas sus entrañas y cortados sus genitales, y éstos quemados por haber separado al rey de la reina. Su cabeza fue puesta en una pica en la Torre de Londres.
A Eduardo le obligaron a abdicar a favor de su hijo en 1327, pero como todavía era menor de edad, la reina quedó como regente. En la práctica, era el amante de la reina quien tenía el poder, nombrándose “Guardián de Inglaterra”. El ex rey Eduardo fue trasladado a varias cárceles para acabar encerrado en el castillo de Berkeley a lo largo de seis meses y del cual consiguió escapar gracias a la ayuda de sus amigos. Capturado nuevamente, Eduardo II fue encerrado por segunda vez en Berkeley, sufrió toda clase de penurias y tormentos durante su reclusión. Finalmente fue asesinado por órdenes de la reina y Mortimer, de una forma extremadamente cruel y sádica. Según la leyenda fue empalado, penetrado por el recto con un hierro al rojo vivo para evitar dejar en su cuerpo cualquier huella violenta visible, lo que podría provocar la ira de los nobles. Su alarido de dolor fue tan grande que se oyó fuera de los muros de la prisión.
Isabel y su amante cometieron los mismos errores que tanto habían criticado. Se rodearon de favoritos y cometieron todo tipo de arbitrariedades y excesos, Isabel solo hacía caso a su amor y su relación se hacía cada vez más evidente. Desde entonces Isabel pasó de ser una pobre reina maltratada por su marido, a ser odiada por el pueblo y por su propio hijo, cansado de su actitud impúdica. Mortimer mandó decapitar al conde Edmundo de Kent, tio del joven rey Eduardo III, desatándose la ira del monarca. Por ello un año más tarde, encabezando a un grupo de fieles, el rey entró en las estancias de su madre apresando a Mortimer. Pese a los ruegos y lágrimas de Isabel por la vida de su amante, Mortimer fue enjuiciado por traición y ejecutado en la horca, en 1330.
La reina fue confinada en el castillo de Herford, en Roseing. Una vez al año acudía a verla su hijo, pues seguía siendo su madre, pero no quedaba entre ambos ningún rastro de amor materno-filial. Isabel murió, después de tomar el hábito de clarisa, el 22 de agosto de 1358 a los 67 años de edad. Fue sepultada en la iglesia franciscana de Newgate. Su hijo desencadenó una guerra contra Francia por los derechos dinásticos que ella representaba, la llamada Guerra de los 100 años.
Fuentes:
http://revista-zoom.com.ar/articulo2394.html
http://www.elmundo.es/2002/10/21/mundo/1253817.html
http://www.formacionsinbarreras.com/cultura/index.php?seccion=265&contenido=573
http://es.wikipedia.org/wiki/Isabel_de_Francia_(1292-1358)
http://portalsolidario.net/ocio/biografias.php























